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 La pequeña paz en la gran guerra.

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obolo
SESTERTIVS


Cantidad de envíos: 965
Edad: 41
Localización: Zaragoza
Fecha de inscripción: 03/02/2009

MensajeTema: La pequeña paz en la gran guerra.   Sáb 7 Ene 2012 - 17:06

Buenos dias a todos:
Ayer, removiendo discos encontre uno con esta historia, rescatada de internet en su momento y que quiero compartir con todos vosotros para que no se pierda del todo.
Pediria disculpas por el posible tocho, pero como decia mi abuelo; "hay cosas por las que pedir perdon deberia ser delito".


Jim Prince estaba impaciente por ingresar al Regimiento del Norte de Staffordshire. 
Muchacho alto y robusto, de 18 años, a quien encantaba jugar fútbol, consideraba la guerra como otro deporte.
Pero el primer día que pasó en las trincheras de la primera línea del frente, en Ypres, Bélgica, el año de 1914, alargó el brazo para dar un trozo de pan a otro soldado que, al levantarse para tomarlo, alzó la cabeza por encima del parapeto.
La bala de un tirador alemán mató al soldado inglés instantáneamente. Prince supo entonces que la guerra no era como el fútbol. Era una carnicería.
Unos 250.000 soldados aliados y alemanes resultaron muertos o heridos aquel otoño en la Batalla de Ypres, que duró un mes. “Nunca se había derramado tanta sangre en tan pequeña área”, escribió desde el frente un observador. Después de aquello la Primera Guerra Mundial se estancó. Los contrincantes se ocultaban en las heladas trincheras anegadas, que se extendían desde el canal de la Mancha hasta la frontera suiza.
En Ypres, la Noche de Navidad, hubo luna llena. La tierra helada refulgía con blancuzco resplandor. Graham Williams, de 21 años, de la Brigada de fusileros de Londres, atisbó las líneas alemanas por encima del parapeto. Normalmente aquella hora, en aquel sector importante del frente, la Tierra de Nadie se llenaba de figuras sombrías que corrían, unos en labor de reconocimiento, otros tratando de recuperar a sus heridos y a sus muertos. Esporádicamente, los llanos y feos sembradíos de nabos de Flandes eran iluminados por luces de Bengala. Aquella noche, en cambio, una ominosa calma parecía flotar en el aire diáfano. Recuerda Williams: “Fue como si un telón estuviera a punto de levantarse ante un milagro”.
Williams advirtió una luz en el este, encima de las trincheras alemanas, demasiado baja para ser una estrella. Le sorprendió que nadie disparara contra ella. Vio entonces otra luz. Y luego otra. De pronto hubo luces a lo largo de las trincheras enemigas, hasta donde se alcanzaba ver. “¡Dios mío! ¡Los alemanes tienen árboles de Navidad!”, gritó Williams al hombre que tenía más cerca. Entonces, de una trinchera alemana a no más de 50 metros, el coro de voces de barítono más hermosas que Williams hubiera oído jamás empezó a entonar “Noche de Paz, Noche de Amor”. Al terminar el villancico, todo el regimiento de Williams vitoreó a los alemanes y cantó a coro “La Primera Navidad”. Aquella mutua serenata duró una hora, interrumpida por gritos de “¡Ven a vernos Tommy!” y “¡No Jerry, tú ven aquí!”. Pero ningún bando se movió.
En el sector del frente en el que estaba Jim Prince, luego de la serenata un alemán empezó a avanzar hacia las trincheras británicas, seguido por media docena de otros alemanes, todos desarmados con las manos en los bolsillos.
Por un momento pareció que iban a rendirse pero los ingleses también empezaron a salir de sus trincheras. Entre ellos Prince. A cinco metros de un alemán se detuvo. El alemán le dijo con sencillez “Yo soy sajón, y tú eres anglosajón. ¿Por qué peleamos?” al recordar muchos años después aquel maravilloso momento, reconoció Prince: “Aún ignoro la respuesta”.
Amaneció el día de Navidad frío, claro, refrescante… y pacífico. La tierra de nadie pronto se llenó con miles de soldados de ambos bandos, que caminaban unos junto a otros y se tomaban fotografías. Se improvisaron partidos de fútbol y se entabló un encuentro en toda forma, que los sajones ganaron por tres a dos.
Algunos se arrancaron botones del uniforme, para ofrecerlos como presentes de Navidad. Los soldados que tenían habilidades especiales hicieron lo que pudieron. Un barbero inglés cortó el pelo a dóciles alemanes que se hincaban en tierra. Un alemán, malabarista profesional, cautivó tanto al público que no había sido difícil imaginarlo, como el flautista de Hamelín, conduciendo al ejército británico más allá de las líneas hasta un campo de concentración.
“Fue maravilloso poder caminar sin que le dispararan a uno”, dice Albert Moren sobreviviente de aquella guerra. También lo fue la oportunidad de celebrar una solemne ceremonia en la Tierra de Nadie. Soldados de los dos ejércitos cavaron tumbas, unas al lado de otras, luego el capellán, con la ayuda de un estudiante de teología, alemán ofreció un servicio fúnebre conjunto.
Al no haber disparo, el joven Prince despertó más tarde de lo habitual la mañana de Navidad. Cuando por fin se unió a los demás, se encontró con un estudiante de Leipzig, de su misma edad. El alemán había recibido un paquete de Navidad, que ambos abrieron y compartieron: dulces, un pastel y un paquete de puros. “Su regalo fue el único que recibí aquella Navidad”, recuerda Prince.
Ambos bandos comprendían, por supuesto, que la tregua no sería bien recibida entre sus respectivos oficiales. Hubo un acuerdo tácito de guardar el secreto. Cuando, por la tarde, se supo que un brigadier británico estaba en camino para inspeccionar el batallón, alemanes e ingleses corrieron de regreso a sus trincheras, como niños traviesos. A la hora que llegó el brigadier, los ingleses pudieron presentar un cuadro convincente de un ejército en guerra. Los centinelas miraban por las troneras y había soldados tras las ametralladoras. Después de una breve inspección, el brigadier estaba a punto de partir cuando notó que la cabeza y los hombros de un alemán asomaban por encima del parapeto.
¡Cabo! –Gritó el brigadier- ¡allí hay un huno! ¡Dispárele!.
Sí señor –contestó el cabo, señalando el blanco al centinela más cercano y, al mismo tiempo, haciéndole un guiño. El centinela disparó muy lejos de su blanco. El alemán fingió no enterarse. ¡Dispare otra vez! –Ordenó el brigadier-.
En esta ocasión, el disparo del centinela pasó más cerca del alemán, pero el germano ni se movió. El tercer disparo pasó silbando a pocos centímetros del enemigo, quien captó el mensaje y desapareció al hacerlo, levantó los brazos. El brigadier pareció satisfecho con esta “victima”, y se fue. Los hombres no tardaron en volver a salir de sus trincheras.
Al ponerse el sol, casi no se habían oído disparos en todo el frente durante 24 horas y, por consiguiente volvieron las aves. No había visto ninguna en el campo de batalla durante meses, pero ahora había petirrojos por todas partes. Un oficial británico alimentó a 50 aves fuera de su casamata.
Cuando el alto mando se enteró por fin de lo ocurrido, montó en cólera. Los oficiales se alarmaron por el total desquiciamiento de la disciplina militar. También les preocupó que sus hombres descubrieran que sus enemigos no eran aquellos monstruos que, según la propaganda, había matado con bayoneta a bebés belgas y cortado los senos a nodrizas inglesas, sino gente sencilla, común como ellos mismos. Un londinense que ayudó a un alemán a cavar tumbas para compañeros muertos escribió a su casa: “Parecen tipos decentes”. Otro describió a los alemanes como “buena gente”.
El alto mando inglés emitió órdenes severas de que no hubiese más fraternización. No hubo más treguas durante las tres Navidades que pasarían antes del fin de la guerra. La indagación que causó el empleo de lanzallamas y gas tóxico por los alemanes, en 1915, ayudó a combatir la idea de treguas.
¿Pudo la tregua de 1914 haber puesto fin a la Primera Guerra Mundial?
Albert Moren, cree que sí. “Si la tregua se hubiera prolongado otra semana”, asegura, “habría sido muy difícil reiniciar la guerra”. En este caso se habrían salvado casi nueve millones de hombres que morirían antes del Armisticio.
La tregua navideña de 1914 continuó en algunos sectores del frente hasta el Año Nuevo, y aún después. “tuvimos que dejar que durara todo ese tiempo”, explicó un alemán, en una carta enviada a su casa. “Queríamos ver cómo salían las fotos que ellos nos tomaron”.
Graham Williams recuerda la víspera de Año Nuevo, mientras estaba bombeando agua de su trinchera, de pronto vio a un alemán, de pie frente a él. Estaba ebrio, y llevaba una botella en cada mano. Williams le ordenó que volviera a su trinchera. El alemán se negó. – Entonces tendré que llevarlo prisionero- le advirtió Williams. El alemán le ofreció un trago: - No quiero caer prisionero, sólo quiero ser tu amigo- .Con ayuda de otro soldado, llevó a su enemigo ebrio de regreso a líneas alemanas.
Acordaron que, cuando un bando tuviese que romper la tregua, dispararían una salva al aire para dar tiempo al enemigo de volver a sus trincheras. En el sector de Jim Prince, la salva sonó el 29 de diciembre, y los hombres retornaron a toda carrera a sus trincheras. Minutos después se reanudó el fuego, en serio. Prince desde su parapeto, pronto tuvo un alemán frente a la mira de su fusil: era un blanco fácil, a 300 metros. No pudo distinguir quién era pero, en el momento de apretar el gatillo, se le ocurrió que bien podría ser aquel estudiante de Leipzig que había compartido con él sus regalos de Navidad.
Para Prince, el aficionado al fútbol que perdería una pierna varios meses después, había terminado la Navidad más maravillosa de su vida. Y hasta el día que murió en 1981, a la edad de 85 años, nunca oyó Noche de Paz, sin que le rodaran las lágrimas.

En el 16, hacia el final de la "batalla" de Verdún, volvió a suceder algo muy parecido.

Los soldados de ambos bandos se negaban a luchar y el espíritu combativo cayó a unos mínimos nunca vistos en la historia de las guerras, hasta el punto de que las operaciones tuvieron que suspenderse por muchos días.

La indisciplina llegó al punto de casi la sublevación, con unidades completas negándose al luchar. El "fragging", que luego se puso de moda en Vietnam, apareció aquí por primera vez hasta el punto de que los oficiales de Estado Mayor franceses e ingleses usaban gabanes y capotes para cubrir sus uniformes e insignias que les identificaban como tales, en el temor de ser asesinados por sus propias tropas.

Fue una guerra tremendamente impopular a ambos lados de las trincheras, con un altísimo coste en vidas y sufrimiento humano mientras que no ofrecía la más mínima causa clara para enardecer a los soldados. Y los mandos seguían creyendo que luchaban con regimientos napoleónicos formados por soldados incultos, cuando realmente estaban ya en una guerra moderna que no comprendían ni táctica ni estratégicamente, con tropas formadas por gentes de clase media con una buena educación o por obreros muy concienciados políticamente.
FRAGMENTOS:

«Lo que os cuento os puede parecer increíble, pero es verdad. Apenas empezó a amanecer, los ingleses comenzaron a hacernos gestos con las manos y a salir de sus trincheras. Nuestra gente encendió velas en un abeto que colocó sobre el parapeto e hizo sonar las campanas. Todo el mundo empezó a moverse a su antojo fuera de las trincheras y a nadie se le pasó por la cabeza volver a disparar»

El soldado alemán Jofef Enzel contaba así a sus padres en una carta como vivió la nochebuena de 1914 en el frente Occidental de Flandes. Allí entre barrizales, alambres de espino y frío, fue testigo de uno de los episodios más emotivos de la 1ª Guerra mundial.

"Levantamos un pizarrón con 'Feliz Navidad' escrito. El enemigo también levantó uno igual. Dos de nuestros hombres arrojaron su equipo a el suelo y saltaron para afuera de su parapeto con las manos sobre sus cabezas al mismo tiempo que dos de los alemanas hacían lo mismo; los dos nuestros caminaron para encontrarse con ellos." "Se dieron las manos y entonces todos nosotros salimos de las trincheras y así mísmo también hicieron los alemanes."
"algunos soldados alemanes hablaban inglés perfectamente bien, uno de ellos nos dijo cuan harto estába de la guerra y que estaría muy alegre cuando todo terminase, todos estuvimos de acuerdo. "
Frank Richards

El Capitán Stockwell cuenta en su diario que el 26 de Diciembre saltó de su trinchera y realizó tres disparos al aire para advertir a sus rivales que la paz había acabado. Un oficial alemán con quien habría charlado el día anterior se subió a un parapeto y lo saludó marcialmente antes de volver a su puesto. Un momento después, las armas volvieron a sonar.
CURIOSIDADES
Un punto de partida:
Walter Kirchhoff. tenor alemán, aunque no era soldado, actuaba para las tropas, pero nunca en primera línea. Salvo en la Nochebuena de 1914, en que vino a cantar a una trinchera alemana. A cien metros de allí, un oficial francés que le había visto en la Ópera de París, en 1912, reconoció su voz. Se subió al parapeto y se puso a aplaudirle. Y Kirchhoff, ajeno a toda preocupación bélica, cruzó la tierra de nadie para saludar a este admirador, lo que incitó a los hombres a salir y favoreció la fraternización.
Apuntando maneras:
En el flamante La pequeña paz en la Gran Guerra , el alemán Michael J¸rgs reconstruyó esos pocos días de paz durante la Primera Guerra Mundial a los que conspicuamente se opuso un ignoto cabo llamado Adolf Hitler.

Futbol, un punto de union aun activo:

En el diario de los fusileros de Lancashire fue confirmado el partido y su resultado, los Fritzes le ganaron a los Tommys por 3 a 2 y el partido se jugó con una lata de conservas vacía. Sólo que en circunstancias normales, el tercer gol de los alemanes hubiera sido invalidado: el reverendo Jolly, el eclesiástico del regimiento inglés y arbitro del partido, no se dio cuenta de que el gol del triunfo fue hecho en una clara posición adelantada. El puntero izquierdo de los sajones lo reconoció después del partido: había sido offside.
Según otras fuentes, es el regimiento de Bedfordshire el que perdió contra los sajones, pero el informe tiene otro final: el partido tuvo que ser interrumpido cuando iba 3 a 2 porque la pelota de cuero se clavó en una punta del alambrado de púas.
Algunos sabian que podria pasar...
El 24 de diciembre circuló la siguiente orden entre los batallones ingleses: "Informes fidedignos indican como posible que el enemigo planee un ataque para las noches de Navidad o Año Nuevo. Se debe mantener una vigilancia especial en esas fechas".

...Y otros deseaban que pasara
El Papa formuló un dramático llamamiento a la paz, el cual no fue tenido en cuenta por los beligerantes.

El villancico mas famoso del mundo.
Noche de paz, noche de amor (Stille Nacht, heilige Nacht), fue compuesto originalmente en aleman, la canción fue cantada simultáneamente en inglés y en alemán durante la tregua de navidad al ser el único villancico conocido por los soldados de ambos frentes.


Otros casos.
Treguas en las guerras hubo muchas, incluyendo las guerras peninsulares y de Crimea o la misma guerra civil norteamericana o la sudafricana de los boers en donde se compartieron desde comidas a historias, asi como tambien entre soldados americanos y alemanes durante la 2ª guerra mundial. En 1917 hubo otra tregua en Pascua, esta vez en el frente oriental.

El líder de la guerra de guerrillas en Africa del Este Coronel Paul von Lettow-Vorbeck, era conocido por su caballeresca forma de conducir la guerra. Después de humillar a las fuerzas hindo-britanicas en Noviembre del 1914, los líderes de ambos bandos se encontraron debajo de una bandera blanca para compartir una botella de brandy y discutir la estrategia empleada. Sin embargo se creyó que este estilo había desaparecido cuando empezó la guerra mecanizada en el frente occidental.

La Tregua se llevó a la pantalla en la película francesa de 2005 'Joyeux Noel' (Feliz navidad). (La película fue nominada al Oscar en la categoría de "Mejor Película de lengua extranjera" en su 78ª edición.) La Tregua de Navidad fue también retratada en la película de Richard Attemborough Oh What a Lovely War.
Se han escrito libros sobre la Tregua de Navidad, incluyendo la obra de Stanley Weintraub Silent Night: The Story of the World War I Christmas Truce, en el que relata este suceso del que él mismo fue testigo.
La tregua fue también recordada en el vídeo the Pipes of Peace (1983) de Paul McCartney
En el episodio final de Blackadder Goes Forth, los protagonistas discuten sucesos del pasado que les llevaron a su situación actual, incluyendo la Tregua de Navidad. El Capitán Blackadder añadió cínicamente que "Ambos bandos avanzaron más lejos en una visita a la trinchera enemiga durante la tregua de Navidad de lo que lo hicieron en los dos años y medio de guerra siguientes."
En 1990, el grupo británico the farm grabó una canción que habla de este suceso: 'All Together Now', la cual se ha convertido en un himno futbolístico.

La guerra para terminar todas las guerras tuvo un costo humano horrible (nueve millones de soldados y seis y medio de civiles) y transformó a Europa de tal manera que gracias a su mal planeada conclución, las semillas para la Segunda Guerra Mundial, veinte y un años más tarde, fueron sembradas.
El 21 de noviembre de 2005, el último veterano de guerra aliado superviviente de la tregua, Alfred Anderson, murió en Newstyle, Escocia, a los 109 años.

http://cronicasubterranea.blogspot.com/2008/12/una-pequea-paz-en-la-gran-guerra.html

chers
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obolo
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MensajeTema: Re: La pequeña paz en la gran guerra.   Sáb 7 Ene 2012 - 20:57

Me ha quedado fatal, las lineas se han juntado y se ve muy denso...

si alguien puede borrarlo y lo pongo mejor Sad

chers
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caligae
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MensajeTema: Re: La pequeña paz en la gran guerra.   Sáb 7 Ene 2012 - 21:22

conmovedora historia obolo. bravo

...y el "jirles"dando polculo desde que era cabo bash
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Nayox
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MensajeTema: Re: La pequeña paz en la gran guerra.   Sáb 7 Ene 2012 - 22:11

bueno, yo me mdr de Caligae, que cuando veo tantas letras me dan mareos.
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Tolaitola
AS


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MensajeTema: Re: La pequeña paz en la gran guerra.   Mar 31 Ene 2012 - 17:15

Buenísimo relato obolo... bravo

Recuerdo haber visto el vídeo de Paul Mccartney cuando la época de la bola de cristal, en la que había TV decente para los chavales.

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La pequeña paz en la gran guerra.

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